Abres el frigorífico.
Buscas el yogur que compraste hace tres días.
Mueves una salsa.
Sacas un táper.
Apartas una bolsa de verduras.
Nada.
Compras más yogures.
Y dos días después encuentras los anteriores escondidos detrás de una botella.
Organizar el frigorífico no consiste únicamente en conseguir que se vea bonito.
Un frigorífico bien organizado debería ayudarte a saber qué tienes, encontrarlo rápidamente y utilizar los alimentos antes de que terminen olvidados al fondo.
Y, curiosamente, cuando haces eso también empiezas a descubrir que probablemente tienes más espacio del que pensabas.
1. Empieza sacando lo que ya no debería estar ahí
Antes de comprar cajas transparentes, bandejas giratorias o cualquier otro organizador, haz algo mucho más sencillo.
Revisa lo que ya tienes.
No hace falta vaciar absolutamente todo el frigorífico y convertir la cocina en un proyecto de dos horas.
Puedes hacerlo por zonas.
Empieza por una balda.
Después otra.
Revisa fechas, estado de los alimentos y las instrucciones de conservación de cada producto.
Quizá encuentres:
una salsa que lleva demasiado tiempo abierta,
un pequeño táper cuyo contenido ya no reconoces,
una verdura olvidada,
o tres botes abiertos del mismo producto.
Elimina lo que ya no sea seguro consumir y toma nota mental de aquello que compras repetidamente pero nunca terminas.
Porque hacer sitio no empieza comprando más almacenamiento.
Empieza eliminando lo que ya no necesitas.
2. No guardes todos los alimentos donde haya un hueco
Este es probablemente uno de los hábitos que más desorden generan.
Llegas de comprar.
Abres el frigorífico.
Ves un espacio.
Metes ahí el queso.
Otro espacio.
Ahí van los yogures.
La semana siguiente vuelves a comprar y todo termina en lugares diferentes.
Después necesitas abrir tres baldas para saber si todavía queda queso.
En lugar de eso, crea pequeñas zonas según el tipo de alimento.
Por ejemplo:
lácteos,
alimentos preparados,
ingredientes para desayunos,
salsas y condimentos,
frutas y verduras,
bebidas.
No necesitas llenar el frigorífico de etiquetas.
Solo necesitas saber aproximadamente dónde buscar cada cosa.
Cuando cada categoría tiene una zona habitual, guardar la compra también resulta mucho más rápido.
3. Coloca delante lo que necesitas utilizar primero
Hay una regla extremadamente sencilla que puede evitar bastante desperdicio:
lo que debes consumir antes debería ser lo primero que veas.
Si compras un paquete nuevo de yogures y todavía quedan dos del anterior, no coloques los nuevos delante.
Pon los antiguos en primera fila.
Lo mismo funciona con quesos, bebidas, salsas y muchos otros productos.
Puedes incluso reservar una pequeña zona del frigorífico para alimentos que deberían consumirse pronto.
Un yogur próximo a su fecha.
Medio aguacate.
Un recipiente con arroz del día anterior.
Un trozo de queso abierto.
Cuando tengas hambre y abras el frigorífico, esa será una de las primeras cosas que verás.
Es mucho más difícil olvidarse de algo que está delante de tus ojos.
4. Utiliza recipientes transparentes para las categorías que realmente lo necesitan
Los organizadores transparentes pueden ser muy útiles.
Pero hay una diferencia importante entre:
organizar el frigorífico
y
meter absolutamente todo dentro de otra caja.
No necesitas un recipiente para cada yogur.
Ni una bandeja distinta para cada tipo de queso.
Utilízalos donde solucionen un problema concreto.
Por ejemplo, pueden funcionar especialmente bien para agrupar pequeños yogures, snacks refrigerados, quesos o paquetes que normalmente terminan desperdigados por la balda.
La ventaja del material transparente es evidente:
puedes ver lo que queda sin tener que sacar el recipiente.
Si tienes varias categorías pequeñas repartidas por las baldas, utilizar algunos organizadores transparentes puede ayudarte a mantenerlas juntas sin perderlas de vista.
Estos organizadores de KJIXYUNG permiten crear pequeñas zonas dentro del frigorífico: una para yogures, otra para quesos o snacks, por ejemplo. Al ser transparentes, puedes comprobar rápidamente lo que queda antes de hacer la compra y evitar que los alimentos pequeños terminen escondidos detrás de otros productos.
Y si utilizas cajas, intenta no llenarlas hasta arriba.
Deja suficiente espacio para poder sacar fácilmente lo que necesitas.
5. Aprovecha la profundidad sin esconder alimentos
Los frigoríficos suelen ser bastante profundos.
Eso parece una ventaja.
Hasta que colocas tres filas de productos.
La tercera fila se convierte rápidamente en una especie de zona arqueológica.
En lugar de utilizar toda la profundidad creando filas invisibles, intenta que los productos del fondo sigan siendo accesibles.
Una bandeja que puedas extraer puede funcionar bien para determinadas categorías.
Así, en lugar de meter la mano entre cinco productos, sacas la bandeja y ves todo lo que contiene.
Para pequeños botes, salsas y condimentos, una bandeja giratoria puede ser todavía más práctica.
En lugar de colocar varias filas de productos y perder de vista los que quedan detrás, puedes agruparlos en un organizador giratorio. Cuando necesites algo del fondo, simplemente giras la bandeja hasta tenerlo delante.
Un modelo transparente como este de GAESHOW resulta especialmente práctico en el frigorífico porque permite ver fácilmente lo que contiene sin tener que sacar varios productos para encontrar lo que buscas.
La profundidad del frigorífico debería darte más capacidad, no más lugares donde olvidar comida.
6. No desaproveches la altura de las baldas
A veces miramos un frigorífico lleno y pensamos que no queda espacio.
Pero si observas las baldas de lado, quizá descubras algo diferente.
Hay alimentos que ocupan diez centímetros de altura…
debajo de una balda con treinta centímetros disponibles.
Ese espacio vacío también forma parte del frigorífico.
Antes de añadir nada, comprueba si las baldas de tu modelo pueden cambiarse de altura.
A veces mover una sola balda unos centímetros permite aprovechar mucho mejor todo el interior.
Si aun así queda bastante espacio vacío debajo de una de las baldas, puedes aprovecharlo sin tener que reorganizar todo el frigorífico.
Un organizador extraíble como este de Tigerkinwit se instala bajo la balda y crea un pequeño espacio de almacenamiento adicional. Al ser transparente, puedes ver fácilmente lo que contiene, y el formato de cajón permite sacar los alimentos sin tener que mover todo lo que tienes alrededor.
En determinadas zonas también pueden resultar útiles pequeños cajones o estantes adicionales diseñados específicamente para frigoríficos.
Pero solo si solucionan un espacio que realmente estás desaprovechando.
Otra posibilidad es aprovechar el espacio en vertical creando varios niveles de almacenamiento.
Si tienes una balda alta donde normalmente colocas pequeños alimentos unos al lado de otros, unos cajones apilables pueden ayudarte a utilizar también el espacio que queda encima. Este set de YekouMax incluye dos organizadores transparentes de diferentes tamaños que pueden apilarse y abrirse como cajones, de modo que puedes acceder a su contenido sin tener que desmontar toda la organización.
No añadas almacenamiento simplemente porque cabe.
7. Utiliza correctamente los cajones del frigorífico
Ese gran cajón de la parte inferior no está ahí únicamente porque era un buen sitio para poner las verduras.
En muchos frigoríficos, los cajones están diseñados para crear condiciones diferentes al resto del compartimento.
Algunos incluso permiten ajustar la humedad.
Por eso merece la pena consultar las instrucciones de tu modelo concreto y utilizar cada cajón para los alimentos recomendados por el fabricante.
Y hay otro detalle importante:
no conviertas el cajón en un lugar donde las verduras desaparecen.
Si compras algo que sabes que debes utilizar pronto, mantenlo visible o crea un sistema que te recuerde que está ahí.
Un cajón lleno no sirve de mucho si cada semana descubres algo estropeado debajo de otras cinco cosas.
8. La puerta no es el mejor sitio para todo
La puerta es extremadamente cómoda.
La abres y tienes todo delante.
Pero también es una de las zonas donde la temperatura puede fluctuar más debido a las aperturas frecuentes.
Por eso conviene reservarla principalmente para productos que toleren mejor esas variaciones y seguir las indicaciones del fabricante de tu frigorífico y de cada alimento.
Condimentos, algunas salsas y determinadas bebidas suelen ser candidatos prácticos dependiendo del producto.
Para alimentos especialmente perecederos, conviene elegir una zona que mantenga una temperatura más estable.
Y si tienes dudas sobre dónde debe conservarse un alimento concreto, las instrucciones del envase y del frigorífico deberían tener prioridad sobre cualquier fotografía de organización que veas en internet.
9. No llenes el frigorífico hasta el límite
Un frigorífico completamente lleno puede parecer una utilización perfecta del espacio.
No necesariamente.
El aire frío necesita poder circular.
Si cada centímetro está ocupado y los productos están apretados unos contra otros, además de resultar más difícil ver lo que tienes, puedes interferir con la distribución adecuada del aire frío.
Deja algo de espacio.
No necesitas ver una balda completamente cubierta para sentir que está bien aprovechada.
El espacio libre también puede tener una función.
Te permite mover productos, ver lo que hay detrás y colocar cómodamente la compra de los próximos días.
10. Haz un pequeño reset antes de hacer la compra
Este hábito probablemente tenga más impacto que cualquier organizador.
Antes de escribir la lista de la compra, abre el frigorífico.
Tarda dos minutos.
Mira qué queda.
¿Qué tienes que consumir pronto?
¿Qué falta?
¿Qué compraste la semana pasada y todavía sigue ahí?
Quizá descubras que no necesitas comprar otras seis verduras.
O que todavía tienes suficientes yogures.
O que hay ingredientes para preparar una comida completa antes de volver al supermercado.
Después mueve hacia delante aquello que deberías utilizar primero.
Son apenas unos minutos.
Pero repetidos cada semana pueden evitar que el frigorífico vuelva lentamente al caos.
Un frigorífico organizado no tiene que parecer perfecto
No necesitas pasar la leche a una botella bonita.
No necesitas colocar cada verdura en una caja diferente.
Y definitivamente no necesitas comprar quince organizadores antes de empezar.
El objetivo es mucho más sencillo:
abrir el frigorífico y saber qué tienes.
Ver lo que debes utilizar primero.
Encontrar rápidamente lo que buscas.
Guardar la compra sin jugar al Tetris.
Y evitar descubrir alimentos olvidados cuando ya es demasiado tarde.
Empieza por una balda.
Elimina lo que ya no necesitas.
Agrupa los alimentos que utilizas de forma parecida.
Coloca delante lo que debes consumir primero.
Y utiliza el frigorífico así durante unos días.
Solo entonces podrás ver dónde existe realmente un problema de almacenamiento.
Porque muchas veces la mejor manera de conseguir más espacio no es añadir otro organizador.
Es utilizar mejor el espacio que ya tienes.











