Hay prendas que parecen nuevas después de años y otras que empiezan a verse gastadas después de unos pocos meses.
Y no siempre tiene que ver con su precio.
La forma en la que lavamos, secamos, guardamos y usamos nuestra ropa influye muchísimo en cuánto tiempo se mantiene en buen estado.
El roce, las temperaturas demasiado altas, el exceso de detergente o incluso una percha inadecuada pueden hacer que los tejidos pierdan color, forma y suavidad antes de tiempo.
La buena noticia es que no necesitas una rutina complicada.
Estos 10 hábitos sencillos pueden ayudarte a conseguir que tu ropa dure mucho más.
1. No laves una prenda después de cada uso si no lo necesita
No toda la ropa necesita pasar por la lavadora después de llevarla una sola vez.
Los vaqueros, jerséis, chaquetas o algunas prendas que llevamos encima de otra ropa pueden utilizarse varias veces si siguen limpias y no tienen olor.
Cada lavado supone fricción, agua, detergente y movimiento para las fibras.
Por eso, lavar menos también significa desgastar menos.
Después de usar una prenda, puedes dejarla airear unas horas antes de volver a guardarla.
Por supuesto, la ropa interior, prendas deportivas o cualquier ropa realmente sucia debe lavarse después de utilizarla.
La idea no es dejar de lavar la ropa, sino evitar lavados innecesarios.
2. Dale la vuelta a la ropa antes de meterla en la lavadora
Es uno de los hábitos más sencillos y apenas lleva unos segundos.
Antes de lavar camisetas, vaqueros, sudaderas o prendas estampadas, dales la vuelta.
De esta manera, la parte exterior queda algo más protegida del roce con otras prendas y con el tambor durante el lavado.
Esto puede ser especialmente útil para:
- prendas oscuras,
- vaqueros,
- camisetas estampadas,
- sudaderas,
- y tejidos que tienden a formar bolitas.
Además, cierra cremalleras y corchetes que puedan engancharse con otras prendas.
Un gesto de unos segundos puede evitar bastante desgaste con el tiempo.
3. Utiliza bolsas de lavado para las prendas delicadas
Sujetadores, lencería, prendas finas o piezas con pequeños detalles pueden sufrir bastante dentro de la lavadora.
Una bolsa de malla para lavado crea una barrera entre estas prendas y el resto de la colada.
También evita que tirantes, cierres o pequeños elementos se enganchen con otras prendas.
Puedes tener bolsas de diferentes tamaños y utilizarlas también para calcetines u otras piezas pequeñas que suelen desaparecer misteriosamente durante la colada.
Es una solución sencilla, barata y reutilizable.
4. No abuses de las temperaturas altas
Más temperatura no significa necesariamente ropa más limpia.
Para muchas prendas de uso diario, un programa a baja temperatura es suficiente, siempre teniendo en cuenta las instrucciones de la etiqueta y el nivel de suciedad.
El calor excesivo puede acelerar el deterioro de algunos tejidos, afectar a los colores y hacer que determinadas prendas pierdan su forma.
Antes de seleccionar automáticamente un programa caliente, mira la etiqueta de cuidado.
Muchas veces tu ropa no necesita tanto calor como crees.
5. Tampoco necesitas llenar el compartimento de detergente
Utilizar más detergente no hace que la ropa salga necesariamente más limpia.
La cantidad adecuada depende del producto, del tamaño de la carga, de la suciedad y de la dureza del agua.
Por eso merece la pena seguir la dosificación indicada por el fabricante.
Para prendas especialmente delicadas —como lana o algunos tejidos finos— utiliza un detergente específico cuando la etiqueta de cuidado lo recomiende.
Más producto no siempre significa mejores resultados.
6. Reduce la secadora siempre que puedas
La secadora es muy práctica, pero el calor y el movimiento también someten las fibras a un desgaste adicional.
Cuando la prenda lo permita y tengas espacio, secarla al aire suele ser una alternativa más suave.
Eso sí: tampoco conviene hacerlo de cualquier manera.
Las prendas oscuras pueden perder color si permanecen durante mucho tiempo bajo un sol intenso.
Los jerséis y otras prendas de punto pueden deformarse si se cuelgan completamente mojados.
En esos casos, es mejor secarlos en horizontal sobre una superficie adecuada, siguiendo siempre las instrucciones de su etiqueta.
7. Utiliza las perchas adecuadas
No todas las prendas deberían colgarse de la misma manera.
Las perchas muy finas pueden dejar marcas o deformar los hombros de determinadas prendas.
Para camisas, blusas, vestidos o chaquetas, una percha con una forma adecuada puede ayudar a conservar mejor la estructura.
Los jerséis pesados, en cambio, normalmente están mejor doblados.
Si los dejas colgados durante meses, su propio peso puede hacer que se estiren y aparezcan esas molestas marcas en los hombros.
Colgar lo que debe colgarse y doblar lo que debe doblarse también forma parte del cuidado de la ropa.
8. No tires una prenda porque tenga bolitas
Que un jersey tenga bolitas no significa necesariamente que haya llegado al final de su vida.
La fricción hace que muchos tejidos formen pequeñas acumulaciones de fibras en la superficie.
Un quitapelusas puede retirarlas y mejorar muchísimo el aspecto de la prenda en pocos minutos.
Utilízalo siempre con cuidado y siguiendo las instrucciones del aparato, especialmente sobre tejidos delicados.
A veces, cinco minutos de cuidado pueden hacer que una prenda vuelva a parecer mucho más nueva.
9. Trata las manchas cuanto antes
Una pequeña mancha es mucho más fácil de tratar cuando todavía es reciente.
Si dejamos pasar días, puede penetrar más profundamente en las fibras y terminar obligándonos a utilizar tratamientos más agresivos.
Cuando manches una prenda, comprueba primero qué tipo de tejido es y sigue las recomendaciones de su etiqueta.
Evita frotar agresivamente sin saber cómo reaccionará el material.
Y antes de utilizar cualquier producto quitamanchas, comprueba que sea adecuado para esa prenda.
Cuanto antes actúes, menos tendrás que insistir después.
10. Guarda correctamente la ropa que no vas a utilizar durante meses
Cuando termina una temporada, no basta con meter toda la ropa en una caja y olvidarse de ella.
Antes de guardar las prendas durante varios meses:
asegúrate de que estén completamente limpias y secas.
Después, dóblalas sin comprimirlas excesivamente y guárdalas en un lugar limpio y seco.
Los jerséis y prendas de punto deberían permanecer doblados para evitar que se deformen.
Y evita guardar ropa húmeda o con pequeñas manchas pensando que ya las limpiarás la próxima temporada.
Cuando vuelvas a abrir el armario meses después, agradecerás haber dedicado unos minutos a guardarla correctamente.
Cuidar mejor la ropa también significa comprar menos
Hacer que una prenda dure más no requiere dedicar horas a cuidarla.
La mayoría de las veces se trata de pequeños hábitos:
lavarla solamente cuando lo necesita, elegir el programa adecuado, evitar temperaturas innecesariamente altas, secarla correctamente y guardarla de una forma que no deforme el tejido.
Individualmente parecen detalles pequeños.
Pero repetidos durante meses y años pueden marcar una gran diferencia.
La prenda más sostenible —y muchas veces la más económica— es la que ya tienes y puedes seguir utilizando.











